Cuántos labios de niñas besó, a cuántas engañó, famoso cabrón, de corazones ladrón. Eran princesas del cuento de cada fin de semana, reinas del parque o del bar, gozar sin acabar en cama. Machito orgulloso, qué más daba quedar bien. Sí, claro, dame tu número, y el de tu amiga también. Y tras su actitud de chulesca, había un ser sensible, quizás demasiado bueno y algo susceptible.